Tras la reactivación económica y con ella varios sectores productivos como la industria, la construcción, el transporte y las grandes plataformas comerciales, la sociedad uruguaya comienza progresivamente a rodar.

Sin embargo, la Educación parecería estar presa de la emergencia sanitaria y las autoridades de gobierno no pueden garantizar aún la obligatoriedad vareliana.

Y allí, las pregunta que nos hacemos las familias: ¿hasta cuándo? ¿A qué costo? ¿A quiénes deja por el camino la asistencia voluntaria a la escuela? ¿Cuáles son los efectos? ¿Cómo nos estamos preparando para volver a la obligatoriedad?

Según datos recientes del CEIP, los quintiles socioeconómicos más altos tienen mejores porcentajes de asistencia. Entre diversas razones, podría mencionarse que las familias cuentan con una red de cuidados más amplia o, en algunos casos, pueden pagar servicios de cuidados. Sin embargo, en los quintiles más bajos se multiplican los problemas y baja sensiblemente la asistencia a los centros de enseñanza. Una red de cuidados familiar más frágil, niños, niñas criándose en la soledad dentro de sus hogares, en ocasiones al cuidado de sus hermanos mayores y a veces sin supervisión adulta por encontrarse éstos trabajando fuera del hogar.

La respuesta sale sin forzarse. La asistencia voluntaria deja por el camino a niños y niñas uruguayas que se encuentran en situación de vulnerabilidad y desventaja social y económica. Aumenta la brecha entre niños con "privilegios" y oportunidades y niños pobres, de familias que en el uso de “su libertad”, quedan atrás condenados por su origen y su condición social. Hechos que reforzarán la idea de “familias responsables y familias irresponsables”. Y no, no estamos de acuerdo en presentar así el problema.

El sistema de cuidados de las familias de todos los quintiles está colapsado. La rutina se afectó, el régimen del trabajo remunerado cambió, la frecuencia y el horario de asistencia a la escuela se redujo y el engranaje operativo de traslados y cuidados rotativos que requiere la organización familiar se complejiza. Más aún cuando hay que coordinar horarios educativos de hermanos que asisten al mismo centro educativo o a enseñanza media. La desigualdad en el sistema de cuidados se profundiza cuando las mujeres asumen el trabajo remunerado y el no remunerado a través del cuidado de los niños y las tareas dentro del hogar. Las mujeres se han visto especialmente sobrecargadas en ese tiempo de cuarentena.

La Escuela es el segundo espacio de socialización de niños y niñas después del hogar, cumple un rol central en la vida de nuestros hijos. Es además un lugar de protección y forma parte del sistema de cuidados de la infancia.

La semi presencialidad voluntaria propone otra desigualdad, que es la educación a distancia. La familia que puede pagar el acceso a internet podrá garantizarle a su hijo el acceso a la educación, quien no tenga ingresos no lo podrá hacer. A la escuela hay que ir. Por derecho y por obligación. No ir a la escuela le propone a nuestros hijos otra desigualdad, que es la desigualdad cultural. Las familias que no ponen a la educación como centro para los desafíos del mañana, quedarán en " libertad de elegir" que sus hijos se incluyan o no al sistema educativo, por ende se integren o no a la sociedad. La escuela obligatoria universaliza el acceso, homogeniza las diferencias sociales, económicas y culturales y es generadora de oportunidades.

Frente a las desigualdades que esta pandemia nos trae ¿cómo volver a la obligatoriedad y garantizar el derecho a la educación?

Con recursos económicos, generando condiciones de cuidado sanitario, auxiliares de limpieza suficientes, productos de higiene disponibles y el acceso a las herramientas para una educación a distancia para todas y todos y no solo para quien pueda costearlo. Así es la educación pública, distinta a la privada, es laica, gratuita y obligatoria.

Niños y niñas ejercen derechos, el Estado los garantiza a través de sus instituciones y el conjunto de la sociedad vigila y monitorea su cumplimiento.

El colectivo de “Familias organizadas de la Escuela Pública”, como actor social, quiere retomar el principio vareliano de una educación pública obligatoria, garantizando el derecho a la educación a niños y niñas de todo el país.

Por nuestra parte, las familias estamos comprometidas y desde luego, nos tocan responsabilidades ineludibles.

Nos preguntamos ¿Y el Estado?

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